En enero de 2017, viajé a Junín de los Andes con la Fundación Talita Kum para una semana de estudios. Uno de los objetivos era visitar la Via Christi y conocer al escultor Alejandro Santana.
Así sucedió. Pero la vida tiene esos regalos inesperados... Entonces además de estar con él y de visitar dos veces la Vía Christi, una de las dos con Alejandro como guía y compañero, mientras nos llevaba de vuelta a mí y a Sabi al lugar donde nos hospedábamos... Necesitó él pasar por su estudio a buscar algo.
Allí bajamos, estuvimos un ratito. Yo no salía se mí admiración de todo lo que estaba conociendo, de todo lo que Dios me estaba convidando y todavía faltaba más... Antes de irnos de su estudio, agarró un pequeña escultura de una mesita, un "boceto" dijo Alejandro y me dijo sin más: "tomá llévala". La tomé feliz como pequeña con chiche nuevo.
Así la imagen de Jesús del Camino volvió conmigo a Buenos Aires. Esto fue enero de 2017. La imagen estuvo en casa en una repisa, en un mueblecito... Siempre fue un objeto querido, valorado por mí pero como que no lograba encontrar su lugar en casa. Un regalo que la vida me dio sin esperar... Una sorpresa, algo que sucedió porque si...
Ya en diciembre de 2016 había visto el terreno de Japón y Río Cuarto en Derqui... Y Dios que tiene sus caminos ya iba disponiendo este camino para Jesús, para el barrio y para mí.
En marzo señé el terreno, en abril lo compré... Sabía que ese lugar acunaría muchos sueños. Por eso cada vez que había que dar un paso, íbamos con Nando y agua bendita a rezar allí y bendecir esa tierra en la fe de que Dios la estaba preparando para más...
Se fue construyendo la casa durante ese año, y en enero 2018 empecé a habitar #Casabrazo en Japón 444. Allí fue conmigo Jesús del Camino que seguía pasando de un lugar a otro. Una nueva biblioteca llegó con esta casita.
Pasó un primer año 2018, un segundo año 2019, y el 2020 nos encontró con la experiencia de la pandemia. Nando, Franco y yo, amigos y amigos en Jesús nos juntábamos en casa desde siempre y salía una oración, la Palabra y el canto nos convocaban y entretejían. Todo ese año decidimos abrir nuestra oración a otras y otros hermanos con ganas de rezar. Allí nos encontraron los domingos de pandemia al caer la tarde. Ese espacio vital nos fue haciendo discernir que la misión que tantos veranos nos había unido años atrás tenía que volver a suceder.
Invitamos compañeras y compañeros a hacer camino, y una mañana cualquiera mientras viajaba en el tren en noviembre -al igual que ahora, mientras escribo- Dios me sopló que Jesús del Camino tenía que ser una ofrenda para el barrio, que debía dejar las repisas y estantes y salir a una Ermita que bendiga a todos los pasen por allí.
En esa primera misión de enero 2021, el domingo 10 de enero inauguramos la ermita a Jesús del Camino.
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